Cuando una simulación de phishing se convierte en una trampa: el caso de los New York Knicks
Una simulación de phishing debe preparar a los colaboradores para reconocer amenazas reales. Pero ¿qué sucede cuando esta estrategia explota las emociones, genera frustración y afecta la confianza dentro de una organización?

Imagina trabajar durante años en una organización deportiva y, finalmente, celebrar un logro histórico. Después de más de cinco décadas sin ganar un campeonato de la NBA, tu equipo se convierte en campeón y recibes un e-mail informándote que recibirás un anillo conmemorativo como reconocimiento por la victoria. Parece una gran noticia, ¿verdad?
Esa fue exactamente la expectativa que se generó entre los colaboradores de los New York Knicks, equipo de baloncesto estadounidense, en septiembre de 2026. ¿El problema? El e-mail no anunciaba una recompensa, sino que formaba parte de una simulación de phishing organizada por la propia empresa.
El episodio tuvo repercusión internacional y reavivó un debate importante entre los profesionales de ciberseguridad: ¿hasta qué punto las simulaciones de phishing realmente contribuyen a la concientización de los colaboradores?
El caso de los New York Knicks: cuando una victoria se convierte en un anzuelo
En septiembre de 2026, colaboradores vinculados a los New York Knicks recibieron un e-mail informándoles que podían elegir gratuitamente un anillo conmemorativo del campeonato de la NBA.
El mensaje presentaba dos opciones de diseño e invitaba a los empleados a acceder a un enlace para seleccionar su regalo.
Sin embargo, quienes hicieron clic descubrieron que la oferta formaba parte de una prueba interna de phishing. Como consecuencia, fueron dirigidos a una capacitación obligatoria en ciberseguridad.
La iniciativa recibió fuertes críticas, principalmente porque los anillos representaban mucho más que un regalo: eran símbolos de reconocimiento, pertenencia y participación en un logro histórico.
Tras las repercusiones negativas, Madison Square Garden Sports, la organización responsable del equipo, reconoció que utilizar los anillos como anzuelo había sido un error lamentable.
La empresa explicó que la simulación formaba parte de sus esfuerzos para fortalecer la seguridad, especialmente después de un incidente cibernético en el que se obtuvieron las credenciales de un empleado mediante phishing.
Aunque la preocupación por la seguridad era legítima, el enfoque elegido planteó interrogantes sobre los límites éticos de este tipo de iniciativas.
Después de todo, ¿una simulación que genera frustración y rompe la confianza realmente puede considerarse una estrategia eficaz de concientización?
El problema no es simular ataques, sino convertir a los colaboradores en víctimas
Las simulaciones de phishing son herramientas que las organizaciones utilizan para preparar a sus colaboradores para identificar y responder a mensajes fraudulentos.
Cuando están bien planificadas, permiten presentar situaciones similares a las que se encuentran en la vida cotidiana, mostrar señales de alerta y ofrecer orientación sobre cómo actuar ante posibles amenazas.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre reproducir las técnicas utilizadas por los ciberdelincuentes y explotar emocionalmente a los colaboradores para inducirlos a cometer errores.
En el caso de los New York Knicks, la simulación aprovechó una expectativa legítima de reconocimiento profesional para captar la atención de los empleados.
El resultado fue una situación en la que la propia organización creó una falsa promesa y, posteriormente, exigió una capacitación a quienes creyeron en ella.
Este enfoque puede generar consecuencias que van más allá de una insatisfacción momentánea.
Cuando los colaboradores comienzan a asociar las iniciativas de seguridad con situaciones vergonzosas, castigos o engaños, existe el riesgo de que desarrollen resistencia a los programas de concientización.
Además, la confianza en las comunicaciones internas puede verse afectada. Después de todo, si un mensaje aparentemente legítimo de la propia organización puede ser una trampa, ¿cómo distinguir una comunicación verdadera de una prueba?
La concientización en ciberseguridad no debería convertir la relación entre los colaboradores y los equipos de seguridad en un juego de desconfianza.
Como destaca Vinicius Perallis, CEO de Hacker Rangers, es necesario replantear la manera en que las organizaciones llevan a cabo sus iniciativas de concientización:
"Después de tantos años trabajando en concientización en ciberseguridad, sigo defendiendo que necesitamos evolucionar de una cultura basada en engaños y castigos hacia una cultura de aprendizaje, refuerzo positivo y un cambio real de comportamiento".
Este cambio de perspectiva requiere que los colaboradores dejen de ser tratados como el eslabón más débil de la seguridad y comiencen a ser reconocidos como aliados fundamentales en la protección de la organización.
De la cultura del castigo a la cultura del aprendizaje
Una estrategia eficaz de concientización debe reconocer que los colaboradores no son adversarios de los equipos de seguridad.
Por el contrario, son aliados fundamentales en la protección de la información y los sistemas de la organización.
Cuando una simulación se diseña únicamente para identificar quién cometió un error, se pierde una importante oportunidad de aprendizaje.
En lugar de concentrar sus esfuerzos en crear anzuelos cada vez más convincentes, las organizaciones deberían preguntarse:
- ¿Los colaboradores pueden reconocer las principales señales de alerta del phishing?
- ¿Saben cómo verificar la legitimidad de un mensaje sospechoso?
- ¿Conocen los canales adecuados para reportar posibles amenazas?
- ¿Se sienten cómodos al comunicar un error sin temor a pasar vergüenza?
- ¿Están demostrando comportamientos más seguros con el paso del tiempo?
Estas preguntas ayudan a dirigir la atención hacia lo que realmente importa: el cambio de comportamiento.
Esto también requiere replantear cómo se proporciona la retroalimentación.
Un colaborador que hace clic en un enlace sospechoso debe recibir orientaciones claras y contextualizadas sobre los riesgos involucrados, sin que el episodio se utilice para avergonzarlo o exponerlo públicamente.
Del mismo modo, los comportamientos positivos, como identificar señales de fraude, reportar mensajes sospechosos y seguir los procedimientos de seguridad, deben ser valorados.
Después de todo, una cultura de seguridad se fortalece cuando las personas son incentivadas a participar, aprender y mejorar continuamente, no cuando tienen miedo de cometer errores.
¿Cómo hacer que las simulaciones de phishing sean más educativas?
Dejar atrás la lógica punitiva no significa abandonar las simulaciones realistas.
El desafío consiste en encontrar el equilibrio entre preparar a los colaboradores para amenazas reales y ofrecer una experiencia de aprendizaje respetuosa y constructiva.
Para lograrlo, algunas prácticas son fundamentales.
- Define objetivos de aprendizaje claros
Antes de iniciar una campaña, determina qué comportamientos necesitan desarrollarse. ¿El objetivo es enseñar a reconocer dominios sospechosos? ¿Identificar solicitudes inusuales? ¿Incentivar el reporte de mensajes fraudulentos?
Las simulaciones deben estar alineadas con estos objetivos.
- Evita explotar situaciones emocionalmente sensibles
Los temas relacionados con problemas de salud, despidos, tragedias, emergencias o promesas de reconocimiento personal requieren especial cuidado.
Aunque los ciberdelincuentes pueden aprovechar estas situaciones, eso no significa que una organización deba reproducir indiscriminadamente las mismas tácticas en sus capacitaciones.
- Ofrece retroalimentación educativa y contextualizada
Cuando un colaborador interactúe con una simulación, proporciona orientaciones que expliquen qué señales podrían indicar un intento de phishing y qué acciones serían más seguras.
El objetivo debe ser fomentar la reflexión y el aprendizaje, no simplemente informar a la persona que falló en la prueba.
- Valora el reporte de amenazas
Reconocer un mensaje sospechoso y reportarlo al equipo responsable es un comportamiento esencial para la seguridad de la organización.
Por eso, las campañas deben incentivar y facilitar el reporte, reconociendo a los colaboradores que contribuyen a la identificación de posibles ataques.
- Evalúa los resultados más allá de las tasas de clics
Las tasas de clics pueden proporcionar información útil, pero no deben utilizarse de forma aislada para determinar el nivel de madurez de los colaboradores en ciberseguridad.
Indicadores como la tasa de reporte, el reconocimiento de señales de phishing, la evolución de los comportamientos y la participación en actividades educativas ofrecen una visión más completa de los resultados del programa.
Concientizar es construir confianza, no destruirla
El caso de los New York Knicks demuestra cómo una iniciativa creada para fortalecer la ciberseguridad puede generar efectos no deseados cuando no considera su impacto en las personas.
La intención de proteger a la organización contra los ataques era legítima. Sin embargo, utilizar un logro histórico y la expectativa de reconocimiento de los colaboradores como herramientas para inducirlos al error sobrepasó los límites de una experiencia educativa saludable.
El verdadero éxito de un programa de concientización no está en cuántas personas fueron engañadas, sino en cuántas están mejor preparadas para enfrentar amenazas reales.
Con esta perspectiva, Hacker Rangers desarrolló PhishOS, su solución de simulaciones de phishing, que combina experiencias realistas con un enfoque educativo para que los colaboradores aprendan a identificar las señales de un intento de fraude.
A través de retroalimentación contextualizada, PhishOS ayuda a los usuarios a comprender las señales de alerta presentes en los mensajes simulados, transformando cada interacción en una oportunidad de aprendizaje. Además, ofrece indicadores que permiten a las organizaciones monitorear la evolución de los comportamientos y mejorar continuamente sus estrategias de concientización.
Porque, más que poner a prueba si alguien puede caer en una trampa, el objetivo debe ser preparar a las personas para reconocer y enfrentar amenazas reales, construyendo una cultura de seguridad basada en el aprendizaje, la colaboración y la confianza.


